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2 de Febrero de 2019

Matamoros, Tamaulipas:

íVictoria a la huelga de las maquiladoras!

¡Ninguna ilusión en AMLO y el Morena burgués!

2 DE FEBRERO—Son ya tres semanas desde que decenas de miles de obreros de 45 maquiladoras en la ciudad fronteriza de Matamoros, agrupados en el Sindicato de Jornaleros y Obreros Industriales de la Industria Maquiladora (SJOIIM), decidieron comenzar huelgas salvajes contra los despreciables patrones de esta industria. El incremento del 100 por ciento al ridículamente bajo salario mínimo en la zona de la frontera norte, decretado por el gobierno de López Obrador, reportó pocos beneficios para la mayoría de los trabajadores de este sector en una de las regiones con el costo de vida más alto del país. Sin embargo, los capitalistas, que no quieren ver sus ganancias reducidas ni un ápice, tomaron como pretexto dicho incremento para atacar prestaciones previamente conseguidas. Los obreros huelguistas han puesto de rodillas a la burguesía de las maquiladoras; al día de hoy, sus demandas —20 por ciento de aumento al salario y un bono anual de 32 mil pesos— han sido aceptadas en 32 de las plantas. Éstas son sin duda las huelgas más importantes en décadas, y su resultado podría marcar el curso del movimiento obrero en el futuro próximo.

La Junta de Conciliación y Arbitraje local declaró ilegales las huelgas que aún continúan y dio luz verde al despido masivo de trabajadores en paro. Las intimidaciones por parte del gobierno estatal panista han sido constantes; sus agentes policiacos han sido repelidos con éxito por los huelguistas. Hace un par de días, un juez federal echó provisionalmente atrás el fallo de la Junta de Conciliación y Arbitraje local. Los obreros deben utilizar cualquier resquicio que la legalidad burguesa les ofrezca en defensa de su huelga. Sin embargo, no deben tener confianza alguna en el estado capitalista, el cual no es un árbitro imparcial entre las clases. El estado burgués —cuyo núcleo son la policía, el ejército, los tribunales y las cárceles— tiene como tarea la defensa del sistema capitalista de producción mediante la represión sistemática de explotados y oprimidos. Sin importar quién lo administre, este estado no puede ser reformado para servir a los obreros y los pobres. Es necesario que el movimiento obrero organizado se solidarice con los obreros de las maquiladoras, flexionando su poderoso músculo. La huelga ya se ha extendido a los trabajadores de Coca-Cola en la misma ciudad, que además pertenecen al mismo sindicato, y el día de ayer a tres maquiladoras más cuyos obreros están agrupados en el Sindicato de Trabajadores de Plantas Maquiladoras y Ensambladoras (STPME). Los espartaquistas decimos: ¡Por acciones huelguísticas en defensa de los trabajadores de las maquiladoras! ¡Sindicalizar a los no sindicalizados! ¡Reinstalación inmediata de todos los despedidos!

Con la entrada en vigor del TLCAN hace ya 25 años se terminó de moldear un paraíso de superexplotación a lo largo de la frontera para las manufactureras estadounidenses y de otros lugares: mano de obra barata, estímulos fiscales a los inversionistas chupasangre y un régimen laboral draconiano establecido por los llamados “contratos de protección” son las ventajas comparativas que ofrece México a los imperialistas. Junto con nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S. y de la Ligue trotskyste/Trotskyist League de Quebec y Canadá, el Grupo Espartaquista de México se ha opuesto desde el principio a este tratado de rapiña de México por los imperialistas, y de igual forma lo hace con el nuevo T-MEC. Matamoros alberga más de 100 plantas maquiladoras —de autopartes, componentes eléctricos, aparatos electrónicos, productos químicos, etc.—, dedicadas principalmente a la exportación a EE.UU. Mientras los capitalistas atiborran sus bolsillos, los salarios de los obreros en Matamoros son miserables. (Los salarios en México son los más bajos entre los países miembros de la OCDE.) En una ciudad con más de 500 mil habitantes, la concentración de trabajadores de las maquiladoras es muy significativa, sin mencionar los empleos indirectos que genera esta industria. Debido a su posición estratégica en las cadenas de producción —tanto de EE.UU. como de México—, el poder social de estos obreros es enorme. Según algunas organizaciones empresariales, las pérdidas económicas debido a la huelga ascienden a ¡50 millones de dólares por día! Esto es lo que ha puesto a temblar a la patronal.

Los obreros se han impuesto también a la dirección de su sindicato, que ha avalado las huelgas sólo por la enorme presión de sus bases. El hartazgo con respecto a las venales burocracias sindicales cetemistas ha estallado. Los principales crímenes de los falsos dirigentes sindicales, tanto corporativistas como “independientes” —atados ya sea al PRI, el PRD o el Morena—, son la abyecta colaboración de clases y la subordinación de la clase obrera a los capitalistas. Esto ha permitido que la clase dominante haya lanzado ataque tras ataque casi sin respuesta en el último par de décadas. Lo que se necesita es una dirección clasista de los sindicatos basada en el entendimiento de que los intereses de los proletarios están irreconciliablemente opuestos a los de los patrones. La lucha por la democracia interna de los sindicatos y por su independencia respecto del estado no puede separarse de la lucha por una dirección revolucionaria. Como Trotsky mismo explicó: “En la época de la decadencia imperialista, los sindicatos solamente pueden ser independientes en la medida en que sean conscientes de ser, en la práctica, los organismos de la revolución proletaria”. Forjar tal dirección significa romper con las ilusiones en los partidos de la patronal.

López Obrador es un político burgués y Morena un partido capitalista, como el PRI, el PAN y el PRD. Ofreciéndose como una alternativa al neoliberalismo, los populistas burgueses apuntalan el orden capitalista al reforzar las cadenas que atan al combativo proletariado mexicano. Al pregonar los intereses comunes del “pueblo”, el nacionalismo populista oscurece la línea de clase que divide a los obreros y a la burguesía que explota su trabajo. Buscando apoyarse en los oprimidos, el gobierno de AMLO únicamente ofrece una opción de recambio para administrar el sistema de ganancias capitalista e imponer sus necesidades contra los trabajadores, combinando la represión con las migajas para mantenerlos a raya. Morena y López Obrador son tan enemigos de la victoria de la clase obrera como los políticos neoliberales, como lo mostró la furiosa persecución del SUTGDF y el sindicato del metro cuando AMLO fue jefe de gobierno del entonces Distrito Federal.

La emancipación nacional que las masas añoran no puede ser conseguida en los marcos del capitalismo. La débil burguesía mexicana se encuentra atada por mil lazos a los imperialistas, y es incapaz de desembarazarse de su yugo. AMLO apoya la profundización del saqueo de México que trae consigo el nuevo T-MEC, por ejemplo. El único camino a la liberación de las empobrecidas masas urbanas y rurales mexicanas es el de la revolución permanente de León Trotsky —vindicada en los hechos por la Revolución Rusa de 1917—. Para satisfacer las demandas democráticas de la población, como la emancipación nacional y la revolución agraria, se requiere que el proletariado tome el poder a la cabeza de todos los explotados y los oprimidos a través de una revolución socialista. Al expropiar a la burguesía, un gobierno obrero y campesino en México sentaría las bases para la construcción de una economía planificada y encararía inmediatamente la necesidad de extender la revolución socialista al coloso imperialista estadounidense. La emancipación de la clase obrera y los oprimidos en México está indisolublemente vinculada a la de los obreros en EE.UU., donde millones de migrantes mexicanos son un componente clave del poderoso proletariado multirracial. Esto subraya la necesidad crucial de construir partidos leninistas-trotskistas alrededor del mundo, tarea con la cual el GEM y la Liga Comunista Internacional entera estamos comprometidos.

Grupo Espartaquista de México